14 Febrero 2021

Rodolfo Pico Vuelve a Cornión con el Gatobardo

El viernes se inaugura una antológica que busca ser homenaje, junto con un libro que recopila su trayectoria, al pintor fallecido en 2017

M. F. ANTUÑA
El Comercio

De noche todos los gatos ''son bardos" fue el título que Rodolfo Pico (Luarca, 1953, Gijón, 2017) eligió en 2008 para una exposición en Gijón. En ella exhibía variaciones sobre el cartel dibujado en 1896 por Théophile Steinlen para Le Chat Noir, un inmortal gato negro del que se apropió e hizo suyo. Ahora, cuatro años después de su muerte, vuelve el ''mágico pintor a exponer en Gijón" y el título elegido para la ocasión remite al mismo lugar. `El gatobardo' abrirá sus puertas en la galería Cornión el viernes para quedarse hasta el 31 de marzo rindiéndole homenaje póstumo sobre las paredes y en las páginas de un libro que ahonda y abunda en su crucial papel en la pintura asturiana, pero también en otras facetas artísticas desconocidas e inéditas a la vista pública, como la poesía o la escultura, fruto del empeño de su familia por poner su legado en el lugar que le corresponde.

Todo el color de sus geometrías, toda la vida que se despliega en esa suerte de fábulas pintadas, se verá en una exposición antológica lárgamente anhelada que busca mostrar al completo al creador múltiple que un día dejó Trevías rumbo a Gijón, que fue delineante y eso imprimió huella en las arquitecturas y en lo arquitectónico con que se trazan sus obras, que trabajó en publicidad, dibujó cómic underground, que colaboró en las revistas Ajoblanco' y la asturiana `Entamu Galácticu'. Puede que todo ese amor por la iconografía pop que desvelan sus acrílicos tenga mucho que ver con lo vivido y amado en aquellos tiempos en los que estaba a punto de llegar a España la democracia y él, en 1974, exponía por vez primera junto a otros pintores en el Ateneo Jovellanos. Un año antes había fundado el Grupol Segrel, donde coincidió con pintores como Melquíades Álvarez o Pelayo Ortega. El Grupo de Difusión Popular llegó después y le unió a otros nombres imprescindibles como Kíker, Fresno o Redruello.

Pico fue creando su universo colorista con rigor y amor, configurando un arte con personalidad propia, reconocible, siempre impecable geométricamente hablando, siempre amable y cálido. Y en su mundo, esos gatos bardos, esos perros salchicha, barcos, esferas terrestres, faros, relojes, globos, árboles, paraguas, papiroflexias y hasta revelaciones de cuentos infantiles como Caperucita y el lobo feroz, que será una de las 45 obras que se muestren en los dos espacios de la galería de la calle de la Merced y se recojan en un catálogo con texto de Paché Merayo.

Después de aquellos inicios, llegaron las exposiciones individuales, la pintura como profesión y oficio y la presencia de su obra en importantes colecciones públicas y privadas -Museo de Bellas Artes de Asturias, Evaristo Valle...y todo unido fue alumbrando un camino que también traspasó las fronteras de Asturias y le hizo presente en ferias como Arco. Un periplo más corto de lo esperado, una ruta cercenada de cuajo cuando aún estaba en plenitud creativa. El primer día de marzo de 2017 la noticia de su muerte, en su estudio del barrio de Laviada, ponía luto a tantísimo color derrochado. Dejaba abierta al público en el Evaristo Valle su última exposición. `Una geometría sonriente' era el elocuente título que resume esa travesía por las geografías del arte.

Todas ellas saldrán a la luzen el libro fruto del empeño de Trinidad Pico y su marido José Ramón Zapico, que hastiados de tratar de encontrar respaldos públicos para dejar impreso sobre papel su legado, procedieron a la venta de algunos de sus cuadros para poder sufragar los gastos de la publicación. Con Pelayo Ortega empujando y ayudando en todo proceso, han logrado recopilar su obra, ponerla ante el objetivo del fotógrafo Kike Llamas - se recogen más de 300 imágenes de sus obras- para propiciar un encuentro que más allá del pincel suma sus versos y esculturas y los textos que los sitúan en su lugar y su tiempo, en el contexto para entender quién fue y qué deja como herencia el arte asturiano.

Diseñado por Manuel Fernández, el volumen ofrece también las reflexiones sobre su obra de nombres como el exdirector del Instituto Cervantes Juan Manuel Bonet; el desaparecido crítico de arte Rubén Suárez, o el escritor y periodista Evaristo Arce. Precisamente Bonet escribía sobre aquella exposición en el Evaristo Valle que vio inaugurar pero no clausurar en 2017. Hablaba de sus gatos, sus faros, de sus palmeras, de la inspiración caribeña que le llego de Cuba, hablaba de un estudio desordenado y revelador, hablaba de un artista singular con multitud de referencias cuya obra se capta más alla de la vista, que también se escucha, que tiene un son, una armonía, una musicalidad propia. <>.