20 Febrero 2021

El viaje de Rodolfo Pico por el espacio y el tiempo

Cornión abre las puertas de la antológica que repasa a través de 40 obras toda la travesía vital y artística del creador, fallecido en 2017.

M.F.Antuña
El Comercio

GIJóN. Es un viaje. Por espacios soñados, por su propio mundo imaginado, por los tiempos que le tocó vivir y pintar de distintas maneras, con una explosión absoluta del color, pero también con los tonos pasteles, con los acrílicos como protagonistas y con espacio propio para los collages. `El Gatobardo', la exposición antológica que la galería Cornión dedica al desaparecido pintor Rodolfo Pico (1952-2017) está ya abierta a todas las miradas dispuestas a descubrir a un artista único que se fue demasiado joven y en plenitud creativa.

Pero antes de las miradas públicas estuvieron las privadas. Las de Trinidad Pico y José Ramón Zapico, la hermana y el cuñado del pintor; la de Amador Fernández, el galerista, la de colegas como el pintor Pelayo Ortega, muy implicado en este homenaje que se le tributa, y la de Paché Merayo, la periodista que durante años contó el día a día del arte asturiano en las páginas de este periódico y que ha elaborado el texto del catálogo de una muestra que se mueve desde los años setenta hasta 2017, en que murió.

«Son 40 obras y no están distribuidas de forma cronológica, el criterio es estético, a mí lo que me gusta decir es que esta exposición te permite viajar, todas lo hacen, todas te llevan al mundo interior del artista, pero esta especialmente, porque te permite hacer no un viaje horizontal, sino el vertical que él hacía, sin moverse del sitio, con sus barcos de papel, sus grandes buques, en globo, a través de una ventana, subiendo unas escaleras imposibles, en sus aviones, a la Cuba que nunca conoció», afirma Paché Merayo, que guía ese periplo también por las influencias que le marcaron, como el propio Pelayo Ortega.

El viaje tiene también un trasfondo literario, con Antoine de Saint-Exupéry y 'El Principito' dejándose mirar, dialogando con lienzos de colores brillantes y potentes que tienen algo de hipnótico, que embelesan el cristalino a través de esas geometrías sonrientes de las que hablaba el crítico de arte Juan Manuel Bonet, con sus arquitecturas, sus perros, sus gatos, su universo particular.

Todo un mundo por descubrir y disfrutar. «Estoy muy emocionada, contenta, quiero que su recuerdo permanezca», afirma Trinidad Pico, feliz de ver las obras colgadas sobre las paredes y con el libro que hará balance de su vida y obra a punto de ver la luz. Está listo y ya hay fecha para la presentación, que será el día 20 de marzo en la galería Cornión con la presencia de Bonet, uno de los autores de los textos. Para ella también ha sido un viaje, hermoso y doloroso al mismo tiempo. «Creo que el libro ha quedado muy bonito, han sido muchas horas horas de esfuerzo. Fue triste al principio, son cuatro años de su muerte, pero ha sido bonito y también ha sido descubrimiento».