21 Marzo 2021

El tributo que Rodolfo Pico merecía

La Galería Cornión acogió la presentación del libro "Rodolfo Pico. El Gatobardo", que llega tras muchos esfuerzos cuatro años despues de su adios.

Después de cuatro años del fallecimiento de Rodolfo Pico, el tributo que se merecía y se merece, por fin, es una realidad. Ayer, en la galería Cornión, se presentó el libro `Rodolfo Pico. El Gatobardo', un proyecto que ha necesitado de muchos esfuerzos y del empeño inquebrantable de los suyos para poder salir adelante. Gracias a la venta de parte del legado del pintor y al apoyo de muchos amigos, su familia pudo apostar por este proyecto que quiere, a toda costa, evitar el olvido de un genio que tenía en la infancia su nación.

Su hermana, Trinidad Pico; el experto en arte Juan Manuel Bonet y el periodista Evaristo Arce ejercieron de maestros de ceremonias en una cita de muchos recuerdos y emociones a flor de piel. «Estamos realmente satisfechos con el resultado de todo este esfuerzo y muy orgullosos de haber llevado este proyecto a buen puerto», reconocía Trinidad. «Hemos logrado una edición que recoge el espíritu de Pico», añadía. Un mérito que lo achacaban, sobre todo, a los textos del crítico de arte recientemente desaparecido Rubén Suárez y a las imágenes de Manuel Fernández.

«Rubén, en estas páginas, cuenta muy bien la trayectoria de Pico, entremezcla muy bien vida y obra, entiende al artista y al personaje», señalaba Bonet. Para él, lo más llamativo de este libro son «las historias de sus años de formación», porque parecen «una novela» en la que, de repente, descubres que participó «en un grupo de rock celta asturiano, en teatro, en ilustración y en poesía experimental». Todo eso, contado con gracia, con sarcasmo y con amor. «Está muy bien narrado, con respeto y con una sorna cariñosa. Es muy Rubén la manera en la que cuenta los devaneos adolescentes de un pintor que se busca y termina encontrando su verdad en un mundo de serenidad y de nostalgias».

Porque Pico no dejaba de ser «un niño mayor feliz» al que se le encontraba siempre «acodado en las mismas barras». Esos fueron los escenarios donde «soñó con viajes que no hizo» y donde «reconstruyó un universo de niño grande», aseguraba Bonet. A él le parecía «ejemplar» que su familia y sus amigos, «la sociedad civil», en otras palabras, «se haya movilizado para hacerle este tributo, para colocarlo en su sitio»

Como hicieron ayer sus sobrinas, Verónica y Leticia Zapico Pico, quienes recordaron con lágrimas en la mirada al «tío Rodolfo» y agradecieron a todos los que pusieron «su empeño en que el mundo conozca a Rodolfo Pico». Lo dijeron «desde el orgullo» de tener este libro entre las manos, «una realidad palpable».

También le afloraban las emociones a Evaristo Arce con el recuerdo de Pico y con el de Rubén Suárez. «Fueron unánimes en el arte, cordiales y afectivos. Fueron distintos e iguales», decía de ellos Arce al ver hecho realidad este tributo merecido y sentido por quienes conocieron al pintor y se niegan a dejar su recuerdo difuminarse con el olvido y perderse en el tiempo.

Ana Ranera
El Comercio