11 Abril 2021

Vicente Pastor desgrana naturaleza y recuerdos

Cornión inaugura 'Criterios variables', una muestra en la que el creador valdesano derrocha eclecticismo, texturas y relieves.

GIJóN. Es el suyo un arte ecológico, sostenible, apegado a la tierra, que surge del todo y la nada, de la realidad y los recuerdos, que toma formas de la arena de un río, los restos del incendio de un monte, un madero viejo que flota en el mar, un boya que aparece en la playa, una rejilla de las que se emplean en una fábrica de papel. Vicente Pastor (Luarca, 1959) no tiene límites artísticos, le gusta experimentar, le va lo heterogéneo, dispar y múltiple. No mira a un solo lugar y disfruta enormemente del proceso.

En 2019 inició la ruta que le ha traído a `Criterios variables', la exposición que inauguró ayer en la gijonesa galería Cornión, donde una treintena de obras dan buena muestra de su eclecticismo creativo. El lienzo es el espacio en el que `plantar' unos cuadros que no dejan de ser organismos vivos, que él va haciendo crecer a medida que les va añadiendo relieves y texturas con tierras, arenas, todo tipo de pigmentos y en esta ocasión con tintas litográficas, muy presentes en una muestra que rezuma naturaleza, que huele a ese monte que camina a diario en busca de materia creativa e inspiración, de esos paisajes que configuran un día a día cotidiano impregnado también de amor al arte, de disfrute total por el simple hecho de crear.

Con esa manera de hacer, de componer sus obras, no es extraño que Pastor acuda a John Banville para darle realismo a todo lo que se oculta tras su abstracción: «Creemos recordar las cosas tal y como eran cuando en realidad lo único que nos llevamos al futuro son fragmentos que reconstruyen un pasado completamente ilusorio». Pues bien, él juega a ese juego: «Me interesa la historia del recuerdo asimilado, que siempre es subjetivo y en esta exposición trabajé muchocon eso. La mayoría de los materiales que hay aquí son recuerdos», señala y explica después el origen de la primera de las obras que se observa nada más entrar a la sala. Sobre un fondo blanco, los restos de un bosque quemado que hoy es un parque eólico se hacen arte, adquieren relieve y forma. Hay también un trozo de madera de una casa derruida de los Oscos, tierras recogidas donde acuden a revolcarse los jabalíes, y todo ello mixturizado, macerado, mojado, unido con acetatos, utilizando con profusión y profesión la técnica del fresco. «Me interesa mover la cabeza, no me gusta anquilosarme, moverme en una línea determinada».

M.F.Antuña
El Comercio