5 Febrero 2022

Semblanza de trazo sombrío y buena letra

El Museo Piñole abre una mirada al Gijón de finales de los 80 de la mano de Pelayo Ortega y los dibujos que hizo para su libro junto a Carantoña

M.F.Antuña
El Comercio

Es pura belleza el libro y son pura belleza las estampas que en él se insertan en forma de aguafuertes. Son hermosos los trazos y certeras las palabras. En 1989 se editaba `Semblanza de Gijón', un libro de arte realizado con mimo exquisito por la editorial Urrieles que habría de ganar el premio del Ministerio de Cultura a la mejor publicación de bibliofilia. Pero antes de llegar a la impresión, hubo mucho trabajo previo: Para empezar, el del galerista y entonces librero Amador Fernández, que creó la editorial Urrieles junto a dos socios y tras publicar un volumen de Valdediós con obras de Camín y textos de Santerbás, eligió dos nombres propios del arte y las letras locales para componer la `Semblanza de Gijón'. Pelayo Ortega (Mieres, 1956), que entonces vivía en Madrid, comenzó a realizar dibujos, a retratar la ciudad en un tiempo que era el fin de la era industrial, y Francisco Carantoña (Muros, Coruña, 1926-Gijón, 1997), entonces director de EL COMERCIO, a partir de sus trazos, a ponerle letras. Esos dibujos, 83, se convirtieron en planchas para los aguafuertes del libro y acabaron en manos del Ayuntamiento de Gijón, vendidos por la editorial a un precio simbólico para preservar la unidad de la colección. Nunca se expusieron juntos, pero ahora, el Museo Piñole muestra 27 de ellos.

La exposición abrió ayer sus puertas elogiando el carácter documental y artístico de ese trabajo que ahora ve la luz gracias a la «lectura entrecruzada» de los dos museos de bellas artes de la ciudad, la Casa Natal y el Piñole. Destacó Lucía Peláez, su directora, el amor a la ciudad que impulsó esta obra y dedicó palabras hermosas a Carantoña, dos de cuyas hijas, Cruz y Fernanda, estuvieron presentes en la inauguración. «Fue un gran defensor de la vida cultural e impulsor del Museo Piñole, sin su labor no sería lo que es hoy», dijo.

Fue Amador Fernández quien relató todo el camino por el que discurrió el libro antes de llegar al papel artesano sobre el que se hizo arte. No se olvidó tampoco de Carantoña, que enriquece cada ilustración con sus artículos al modo de sus célebres Till. «Todos los días compraba los periódicos, luego se pasaba por Cornión, se tomaba su café en el Dindurra y muchas veces regresaba a Cornión, siempre fue muy cariñoso con nosotros y con los artistas y establecimos una gran amistad; que también tuvo con Pelayo Ortega, al que estaba muy unido», resumió Amador, que no olvida que no quiso bajo ningún concepto cobrar por ese trabajo.

Pelayo Ortega escuchó las palabras de todos y optó por ser breve. Están sus 27 dibujos allí expuestos para decirlo todo. «Estoy
muy feliz de haber participado en la aventura que fue este proyecto y que hoy se pueda exponer en un museo tan de referencia como es el Piñole. Ha quedado precioso, muy íntimo, de gabinete», concluyó. Esos carboncillos y algunas acuarelas de aspecto melancólico y sombrío se podrán ver y disfrutar hasta e115 de mayo.

También se muestran en vitrinas dos ejemplares del libro de arte cuya edición costó entonces en torno a los ocho millones de pesetas y alguna de las planchas originales. «El espíritu literario de esta obra oscila entre Jovellanos y Alfonso Camín, es decir, entre la visión de Gijón desde la villa y desde la aldea. A esto se une una serie de evocaciones históricas y varias evocaciones a lo intemporal», dijo el propio Carantoña sobre los textos. que dejó para la historia.