18 Noviembre 2022

Un adiós satisfecho a cuatro décadas de ilusión

Cornión. Amador Fernández e Isabel de la Rosa cerrarán con el año la galería para "artistas reincidentes" que marcó una forma de entender el arte en Gijón.


La llave que abrió Cornión hace más de cuarenta años fue «la ilusión». La misma que empujaba la bici de Amador Fernández cuando aprendió a montar en solo una noche para convertirse a la mañana siguiente y con solo catorce años en el chico de los recados de la librería Atalaya. Idéntica a la que sintió cuando Eduardo Vigil bajó la persiana y le pasó los trastos de la que se convertiría en la librería y galería de arte más emblemática de Gijón. Corría el año 81 y, a partir de ese momento y durante décadas, no cupieron en Cornión más libros, más cuadros, más esculturas, más amigos, más artistas, más ilusión. Pero, desde entonces, el mundo ha cambiado. El arte y los compradores han cambiado. «Y este nuevo, a mí no me genera la misma ilusión», confiesa Fernández. Y esa es la clave. La única razón por la que prácticamente llegada la edad de jubilación de Isabel de la Rosa, la otra mitad del negocio que nunca fue solo un negocio, el matrimonio no encuentre razones para seguir. Cuarenta y dos años, medio millar de exposiciones y «una excelente relación con todos nuestros artistas» forman parte del ingente patrimonio cultural de la galería -ya sin librería desde 2018- que el 31 de diciembre echará el cierre. «Pudimos vivir de ello y vivimos bien. Conocimos a muchísima gente maravillosa, que hoy siguen y seguirán siendo parte de nuestras vidas. Nos vamos satisfechos y pudiendo elegir el momento. ¿Qué más se puede pedir?», se preguntan.

No es amigo Amador de la nostalgia en exceso. Pero los nombres de quienes con él escribieron la historia de Cornión, todos «reincidentes», le salen a borbotones: como los de los artistas Orlando Pelayo, Melquíades Álvarez, Pelayo Ortega, Ramón Prendes, Javier del Río, José Arias, Edgar Plans, Marcos Tamargo... y muchos más. «Cómo olvidarse de Camín». O de firmas como Eduardo Arroyo o Andrés Rábago `El Roto', «a quienes no habríamos conocido de no estar aquí». Cómo dejarse en el tintero a Amancio, Tadanori Yamaguchi y Pablo Maojo, las referencias de la casa en escultura. Cómo no mencionar a Francisco Carantoña, «uno de nuestros principales apoyos incondicionales». El histórico director de EL COMERCIO que «cada día, a su salida del Dindurra, venía y se compraba un libro». El genial escritor que firmó junto a Pelayo Ortega `Semblanzas de Gijón', el volumen editado por Cornión y Premio Nacional al libro mejor editado de España. Mismo premio que obtuvo el título `Valdediós', de Camín. Fueron precisamente sus grandes libros de arte los responsables de algunos de los momentos clave para la galería. Otro fue «que nos aceptasen en Arco», de 1985 a 2000, ayudando a despegar hacia mercados infinitos a muchos de sus artistas. Tampoco se olvida de muestras imborrables como `Gijón Sur Mer', 'Galería de Mutuos Retratos' o 'De libros y libreros', con la que reclutaron a Miguel Mingotes, colaborador de este periódico.

Todo forma ya parte del pasado. El futuro es tiempo para la familia, paseos por Deva con Vera -con sangre de boxer y alma de labrador-, monte para Amador, pista de tenis para Isabel. «Y para muchas cosas más». Y así vuelve la ilusión a la voz de Amador.

Aida Collado
El Comercio